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PASO 2017 17-07-2017

Por Andrés Llinares: En Morón, ¿dónde están los votos?

Por Andrés Llinares: En Morón, ¿dónde están los votos?

Aunque muchos se lo preguntan, a la vista. Frente a los ojos de los dirigentes. ¿Cuál es el problema entonces? El contrato con la palabra. Nadie vota presente sino futuro. Vota espereranza y sentido común. Los votos están. Sólo hay que salir a buscarlos.

 

Para entender Morón nada mejor que la elección 2001. Una elección que dejó como ejemplo a cuánto llega el voto independiente.

 

Ibamos camino a una crisis que se inició finalmente el 3 de diciembre de 2001 con “El Corralito” de Domingo Cavallo, en ese momento el economista más popular de Argentina, y explotó el 21 con un saldo horrible: 39 muertos, cinco presidentes, una inflación irrefrenable y una clase política que no sabía qué hacer.

 

Las elecciones habían sido el 14 de octubre y contrariamente a los que todos aún siguen pensando, en Morón ganó el voto "que se vayan todos".

 

Esa elección fue el domingo 14 de octubre. Y entre los Votos en Blanco (14.131) y Anulados (30.510)  llegaron a sumar 44.641 sobre un total de 185.523 personas que fueron a las urnas.

 

Dicho de otro modo, el 24 % de electorado rechazo la democracia. No sintió que fuera un sistema político capaz de solucionarle los problemas.

 

El que no ponía el sobre en blanco, le ponía en su interior a Clemente, a José de San Martín, a Manuel Belgrano, a Pepitito Romone o al Loco Gatti.

 

Bien, tenemos el número: 44.641 votos de gente decepcionada. El 24 % del total.

 

¿Cuánto sacó el Partido Justicialista en esa elección? 37.691 votos. Y como segunda fuerza se ubicó la Alianza con 31.870 votos y el Partido Socialista con 12.837 votos.

 

Los tres cobraron concejales. La diferencia fue que el PJ, al salir primero y por conciente, metió 7 concejales y la Alianza, luego devenida en Nuevo Morón, 3 concejales.

 

Repaso los números: con sólo 5.821 votos más, el PJ consiguió 4 bancas extras. Digamos que a 1.455 votos la banca. Duplicó y más a la segunda fuerza. Y la tercera, el Partido Socialista, que metió menos de la mitad de los votos que la Alianza, obtuvo dos bancas. Un chino indescifrable gracias al Sistema Cociente y Resto.

 

Este sistema es así. Cantidad de cargos por los votos válidos. Caso Morón: 185.000 votos válidos dividido 12 bancas. Cada banca sale 15.333 votos. El que saca 31.000 votos se lleva dos bancas de cabeza, y el resto queda como cociente. Puede que si el cociente es grande, sume otra más.

 

Esta falla en la arqueología electoral argentina la tendrá que resolver la Legislatura Provincia alguna vez.

 

Pero de la elección de 2001 podemos obtener un dato claro. Hubo un 24 % de electores desencantados. Ese es el número asesino o para no ser tan gore, el par de ases.

 

¿Que fue lo que de esta elección nadie entendió excepto Martín Sabbatella en 2001? Que había un electorado que sólo pedía gestión. Soluciones. Puede tratarse a ese electorado de derecha, apolítico, retorcido, retrogrado, reaccionario, antidemocráticco, llámenlo como quieran, pero jamás dejen de tenerlo en cuenta porque te lleva a la cima o te entierra.

 

En 2001 Martín Sabbatella leyó que no había ganado el PJ. Leyó bien, había ganado el 24 %. Y salió a buscarlos con la famosa tijerita agitando el fantasma de la "barbarie peronista".

 

Lo consiguió y ganó. Luego de que el PJ hubiera sacado en 2001 en total 37.691 votos, en 2003 obtuvo 38.032. O sea: 341 votos más. Nada.

 

Pero la Alianza, convertida en Nuevo Morón, pasó de 31.870 votos a 88.223. Mamadera: casi se triplicó con 56.353 votos más. La verdad, acá Martín Sabbatella no se si la jugó o no, si la creaneó o le salió de pepe, pero tiro de media cancha con el arquero adelantado y la metió en un ángulo.

 

Ahora bien, cómo llegó Martín Sabbatella a ese número.

 

La cuenta es fácil: 31.870 (elección 2001) más 44.641 (el 24 % “que se vayan todos”) dá 76.511 votos. Ah, pero le faltan 11.712 votos para llegar. Sip. El Partido Socialista en esa oportunidad no jugó por fuera sino por dentro de Nuevo Morón. En 2001 el PS había metido 12.837 votos. Los sumó a NM y así la suma da casi exacta. 

 

Acá es donde tengo que meter la variable "voto duro". Okey, sí, existe. Hoy en día ya hay gente que tiene su voto definido. Mañana sale en cadena nacional un submarino lleno de dinero de la corrupción política propiedad de un candidato y su militante, seguidor, simpatizante o como se llame, lo vota igual.

 

Pero si hay "voto duro" (vd), hay "voto blando" (vf). Blando suena mal, podríamos rebautizarlo como "voto flexible".

 

El voto duro más el voto flexible te hace ganar.

 

Acá un parráfo en la que todos me putean. El algoritmo es: vd + vf = w. La doble v es de winner.

 

Todo el análisis demuestra que hay un electorado que en los noventa votaba a Juan Carlos Rousselot, gran parte votó a Martín Sabbatella en 2003, en 2013 lo hizo ganar a Martín Marinucci del Frente Renovador y en el 2015 lo llevó a Ramiro Tagliaferro a la intendencia.

 

La famosa frase "con el peronismo no alcanza, pero sin el peronismo se pierde", nunca la analicé con profundidad porque lo que tendría que analizar es qué es el peronismo primero. Lo dejo para un fin de semana largo.

 

Pero podría traducirla a mis términos. Con el voto duro no alcanza, con el voto flexible se gana.

 

Llegamos al 2017 con seis elecciones en el medio. Digo, entre 2003 y 2015, se entiende, ¿no?

 

Cada espacio tiene su piso, un "voto duro". El problema es como conquistar el "voto flexible" que llega al 24 %.

 

Esta es buenísima para que lo terminen de entender. Martín Sabbatella ganó en 2003 con 88.223 votos, okey. En 2007 sacó más: 94.900. En 2011, ya dentro del Kirchnerismo 4K, Lucas Ghi saca 77.697 votos.

 

¿Cómo siguió la historia? En 2013, Marinucci obtuvo 83.320 votos (casi un Sabbatella 2003) y en 2015 Tagliaferro saca 87.614.

 

Saquemos la media, o sea, sumo las cuatro elecciones a intendente y las dividio por el mismo número. ¿Cuánto da? 87.108 votos.

 

Ese es el número dentro de un esquema de elecciones ejecutivas y un bipartidismo aceitado. Leer bien: bipartidismo. 

 

Sigamos. En 20013, Marinucci, la principal amenza al Gobierno Local, fue a Primarias con Tagliaferro. Marinucci sacó 37.343 y Tagliaferro 32.210. ¿La diferencia? 5.133.

 

¿Alguien puede explicar como Tagliaferro se va de 32.210 votos en 2013 a 87.614 en octubre de 2015?

 

Que la conyuntura, que la polarización, que María Eugenia Vidal, que Daniel Scioli, que el desgaste del FpV/NE. Hay muchos elementos para meter y que de la interpretación. Pero una cosa es seguro. En 2015 el voto se reconfiguró. En las PASO de ese año, Sergio Massa como candidato a Presidente se desinfló, y se abroqueló a la opción ganadora Anti K: Mauricio Macri.

 

¿Lo ayudó Macri a Tagliaferro? Sí, obvio. Y viceversa. Lo mismo ocurrió con María Eugenia Vidal. Aunque en este caso la gran propulsora de Vidal fue Cristina Fernández al armar como su fórmula un híbrida con Aníbal Fernández y Martín Sabbatella.

 

Seamos honestos. Aníbal es el demonio lojo para la clase media, y Martín Sabbatella el mismo jugador pero para el peronismo. Kaput. Y Vidal a la Gobernación. Cristina lo hizo.

 

Vimos una cosa que es cierta. Tagliaferro en 2013, solo, en la calle, sin gobierno, sumó un total de 32.210. Pero como ganó Marinucci, pasó inadvertido. Era sapo de otro pozo.

 

Si hacemos el timeline completo 2013 - 2015, Tagliaferro parado en el voto duro de Cambiemos conquistó el voto flexible. O sea: entre la Primaria de 2013 a la fecha, hay que sumarle el 24 % que son 44.641 votos. Así llega a 76.851. Y ganó con 87.614. ¿Cuánto fue la diferencia? 10.763 votos que los sacó del varios espacio políticos (por caso: cuatro del GEN).

 

De nuevo, esto demuestra la necesidad de construir una puenta, un vínculo, un juego de lenguaje en dirección al voto "voto flexible". Cada uno puede ser dueño del "voto duro". Pero nadie del "voto flexible".

 

Y al "foto flexible" le interesan cosas elementales, básicas, como por ejemplo, la bendita seguridad, el freno a las inundaciones, el bacheo, el asfalto, las cloacas y el agua corriente (que dependen del Gobierno Nacional). Punto. No hay muchos secretos.

 

Las vidas de Jhon William Cooke y Raúl Alejandro Apold le interesan a 500 militantes de distintas vertientes. Los libros de Osvaldo Bayer o José Pablo Feinmann no son más entretenidos que el fútbol. Y encima saberlos no paga mientras que un gol te hace millonario. Este es el país que construimos. No desde el estado. Sino desde los valores que manejamos. Gritamos un gol más fuerte que la condena a un genocida. Así que no hay queja que valga.

 

Si en los noventa, frente al menemismo, la consigna fue "se acabó el cabaret", y cautivó al "voto flexible", hoy, ¿cuál será la consigna para obtener su favor?

 

Paso a paso, irán fluyendo las frases. Aunque no se perciban, ya están en juego. Veremos cómo las narran y si cobran espesor.


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