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Carnavales en el Conurbano Bonaerense 09-02-2018

Gran Morón: La celebración de los carnavales en el oeste del conurbano bonaerense: esplendor, ocaso, ¿resurgimiento?

Gran Morón: La celebración de los carnavales en el oeste del conurbano bonaerense: esplendor, ocaso, ¿resurgimiento?

En este extracto del artículo publicado por la Revista del Instituto Histórico Morón, Claudia Alicia Visconti, Profesora en Historia, Técnica Superior en Periodismo y Licenciada en Comunicación Social, cuenta cómo se iniciaron los carnavales en el conurbano. (Foto: Festejo de Carnaval en el Club Español de Villa Sarmiento)

 

 

Luego de subtitular "Orígenes del carnaval como celebración popular", Visconti cuenta qué expresaban estas fietas y como llegaron a nuestras tierras. 

 

Y agrega: "Este tipo de celebración cultural y popular fue traída por los conquistadores europeos a América, sufriendo ciertas mutaciones, producto del sincretismo que se desarrolló en cada región".

 

Y arranca:

 

En Buenos Aires, los orígenes de los carnavales pueden remontarse a la época colonial, ya en el periodo virreinal se encuentran algunos documentos que testimonian su existencia.

 

Así, hacia 1770 se prohibieron los bailes que realizaban los negros en las calles y al año siguiente, el virrey Juan José Vértiz autorizó algunos locales cerrados donde se pudieran realizar los bailes de carnaval.

 

El rey de España Carlos III mandó clausurar dichos lugares en 1774, reglamentación que no se cumplió.

 

Durante el siglo XIX fue común el juego con agua y flores en las calles. Salvo en algunas épocas en que se prohibió dicha diversión, como lo fue en la etapa rosista, para evitar ciertos hechos de violencia que desataban tales juegos.

 

Hacia 1836, durante el segundo gobierno de Rosas, se permitieron –previa autorización– los desfiles de comparsas, los candombes en los suburbios y el uso de máscaras; pero entre 1844 y 1854, frente a los abusos en que se incurrían por lo delirante de los festejos, fueron cancelados.

 

Hacia fines del siglo XIX comenzaron a realizarse bailes de carnaval en algunas viviendas particulares, y en las primeras décadas del siglo XX, con el acentuado protagonismo que adquirieron los clubes y la aparición de sociedades de fomento barriales, fueron dichas instituciones las encargadas de organizar los bailes y los preparativos de carrozas o murgas.

 

Acá empiezan los testimonios recogidos por Visconti.

 

Precisamente en Morón -cuenta-, los corsos fueron una ocasión de encuentro popular entre los diferentes grupos sociales que integraban la sociedad local. Desde principios del siglo XX, los preparativos eran encargados a una comisión que se formaba para organizar dicho evento.

 

"El carnaval moronense, con su corso de flores, era uno de los más populares, y congregaba a todos los sectores sociales de la localidad y a visitantes de los partidos vecinos y de la Capital (…). Cada club y asociación local disponía de un palco para sus socios en algún punto de su recorrido. Había guerra de agua y serpentinas y los más jóvenes se disfrazaban (…). Todos los años el Municipio nombraba una Comisión de Fiestas de Carnaval, conformada por vecinos respetables del pueblo, que se hacía cargo de la iluminación, la ornamentación y la música. Podían participar automóviles, carruajes particulares o de alquiler y carros de caballos adornados, que abonaban un permiso a la 10 Comuna." 

 

Pueden encontrarse documentos escritos que testimonian estas características, así en el periódico local El Imparcial de 1941, una noticia titulada "Fiesta de Carnaval", explica: "Con marcada actividad se vienen realizando los trabajos de ornamentación de las calles que recorrerá el corso durante los próximos días de carnaval, adelantándose que estos festejos se verán muy animados y concurridos. En las calles que circundan la plaza Adolfo Alsina (hoy Plaza General San Martín) se colocará un centenar de palcos que serán alquilados al público al precio de $10 los grandes y $5 los chicos 11 (…)." 

 

Asimismo, en otra nota de opinión del mismo diario aparecida en 1943, Alfredo Omar titula "El Corso de mi Barrio", allí narra algunos rasgos del lugar: "Cada comarca en la tierra, tiene su rasgo prominente y mi barrio tiene corso (…). Mi barrio es pintoresco como todos los barrios (…). Hay una comisión organizadora que recauda fondos para la luz, palcos y adornos (…). La murga apareció (…) y el corso marcha (…) los saca de la realidad una pelota de serpentinas (…). Hay quienes al paso de los coches, tiran triguillo, rabacillo, maíz."

 

En la ciudad de Haedo cuentan los vecinos que el corso se realizaba sobre la Avenida Rivadavia, según una vecina nacida hace 80 años en la zona "se cortaba Rivadavia, se iluminaba bien y desfilaban hermosas carrozas, también se daban premios para las mejores carrozas y disfraces (…). luego del corso se hacía el baile en el Club del Plata (hoy Brisas), del cual mi padre fue uno de los socios fundadores, era todo muy divertido (…)." 

 

En Castelar, el entusiasmo por los carnavales puede encontrarse en el periódico local, La voz de Castelar, donde se anuncian noticias como "El Carnaval fue Festejado con Animación en 6 de Setiembre" (N. de R.: triste nombre con el que se bautizó brevemente Morón).

 

La nota expresa: "En Castelar los distintos clubs deportivos organizaron sendos bailes de disfraz atrayendo numerosa concurrencia (…). El apoyo prestado por la Municipalidad para darle a las fiestas su tradicional brillo, organizando los corsos oficiales con sus luces multicolores, ha contribuido al éxito logrado y a la gran concurrencia que fue dable observar en calles y veredas, con vehículos engalanados y máscaras animosas, donde el buen humor se dio mano con el orden y el respeto, demostrando un nivel de cultura de la 14 población digno de destacar."

 

Luego, la historia Visconti reflexiona:

 

"Ser parte de estos eventos populares era ser parte del barrio, era ser parte de la ciudad, y por lo tanto, esa identificación promovía aun más la solidaridad, el acompañamiento y la colaboración en la satisfacción que provocaba compartir semejantes festejos. Por ello, no solamente la originalidad y el desparpajo de las murgas con sus cánticos de denuncia y humor, sino también los lujosos o coloridos disfraces fueron parte de un encuentro que implicaba un profundo sentido cultural".

 

Y agrega: "Los grupos murgueros reemplazaron poco a poco a las comparsas, con sus ritmos y danzas entretenían a la audiencia pero también la informaban sobre diversos asuntos locales desde la sátira y la ironía." 

 

En Ituzaingó, por ejemplo, encontramos en el periódico La voz de Castelar, con fecha de febrero de 1962, un anuncio que expresa: "Diviertase – Carnaval Orienal en Ituzaingó – 6 Grandes Bailes – Días 3, 4, 5, 6, 10 y 11 de Marzo – Club Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó - Pirán 450 19 – Ituzaingó".

 

Asimismo, en la gran sala del Cine Italia Una en Morón durante muchos años se organizaron bailes durante los días de carnaval, así lo testimonian numerosas 20 publicidades en el diario local El Imparcial.

 

Y cierra con una reflexión que une democracia con carnaval: "(...) hubo un cambio profundo en el modo de vida urbano, que se advierte con la dictadura del '66 y mucho más fuertemente con la última dictadura militar (1976-83), ambas provocaron un repliegue de la vida pública hacia la vida privada. Los instrumentos implementados por los gobiernos de facto se caracterizaron por la crueldad (muertes, encarcelamientos, exilios, desapariciones, censura) que llevaron a un exacerbado individualismo y a un consciente o inconsciente modo de autocensura personal, familiar y comunitaria. Los espacios públicos: calles, parques y plazas debieron dejar de ser lugares de encuentro cultural bajo sospecha de generar algún vínculo de tipo político que pusiera en duda el régimen autoritario. Además, estas transformaciones fueron acompañadas por un cambio en el modelo económico y estatal, la desaparición del denominado Estado de Bienestar, que se profundizó en los años noventa y ocasionó un cambio en cuanto a las formas de participación. Asimismo, las clases medias huyeron del barrio, argumentando que la inseguridad delictiva las empujaba a confinarse en barrios cerrados o countries, en donde tras los muros un mundo ideal desdibujaba la vecindad propia del Conurbano. Más allá de la muralla, otros vecinos con otros rasgos y otras expectativas se convertían en reales desconocidos. La globalización hizo algunos intentos por borrar lo lugareño frente a lo universal, no obstante muchas de las costumbres populares lograron resistir a esa pretendida homogenización cultural y esa resistencia pudo lograr que ciertas prácticas locales permanecieran o resurgieran con otra fuerza, con otros rasgos pero renacieran al fin."


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